Nuestra Madre, Beata María Petkovic, se ha caracterizado por su gran espíritu misionero, nos enseñó con la palabra y el ejemplo.

Aquí parte de su vida:

El Amor a Dios la lleva fuera de su tierra, llega a América Latina.
La Madre María, mujer de gran fe y voluntad firme, con gran espíritu misionero no se conformaba con poco, respondía generosamente a Dios en todos los pedidos que le llegaban para ayudar a los demás y es así como llega un pedido de Fray Leonardo Ruskovic, misionero franciscano croata, que solicita a María de que envíe 20 de sus hermanas para la Misión en América Latina, a Argentina para el apostolado asistencia en un Sanatorio de Buenos Aires. A pesar de las dificultades, con gran espíritu misionero aceptó esta nueva misión y así en el año 1936 envió el primer grupo de hermanas para este apostolado y entre los años 1936 y 1940, destinó 40 hermanas para las diferentes obras de misericordia entre los más pobres y necesitados de América Latina.
Como Superiora General viajó a Argentina en el año 1940 para realizar la Visita Canónica y se quedó allí por 11 años por la adversidad de la guerra que la detuvo en este Continente, motivo para abrir nuevos surcos donde Evangelizar a través de las obras de misericordia, fundando y promoviendo en el campo de la educación, salud y asistencia en: Argentina, Paraguay y Chile. Más tarde en el año 1953 abrió la casa en Perú.
Para María el objetivo del trabajo en las misiones era la Evangelización y por ello trabajaba para satisfacer las necesidades existenciales y por eso, junto al anuncio de Jesús, organiza la formación integral en sus diversas dimensiones, como la Higiene, el Orden, Economía Doméstica, Trabajos Domésticos, Corte y Confección, Tejidos, Enfermería, y Mecanografía. María, siempre incansable, al lado de la formación profesional y técnica, aprovechaba cada oportunidad para que sus Hnas. aprendan la Doctrina de la Fe.

Tomó la atención espiritual en los hospitales militares de Campo de Mayo en Argentina y en Asunción Paraguay. Con gran celo cuidaba de cumplir que todo cuanto se hacía, sea en armonía con las reglas locales, nacionales y eclesiales.
La estadía de la Madre en América Latina fue Providencial, porque en éstos países Latinoamericanos, dio vida a nuevos comunidades de las “Hijas de la Misericordia”, organizaba las obras de misericordia y la formación de las hermanas y gracias a su incansable trabajo, la Congregación se ve enriquecida con centenares de vocaciones. Al regresar a Europa en 1952, la Madre deja cerca de 140 religiosas, veinte novicias, treinta aspirantes y veinte casas fundadas de la Congregación entre los más pobres y necesitados.

Presentamos algunos fragmentos de sus enseñanzas:

“Siendo aún niña, después de la santa comunión,

el Señor me llevó en espíritu a ciertos campos

en los cuales se había reunido una gran multitud de gente

y yo les hablaba a todos de Dios y de su amor.

Pensaba: ¿qué haré yo sola y miserable?

Si hablo en un lugar, no puedo estar en otro.

Ahora comprendo;

el Señor me dio por medio de esta Congregación muchas hermanas

para poder hablar en lugares diversos.

Por esto, sea Él bendito por siempre porque se ha servido de los pequeños,

para difundir su gloria y trabajar por medio de sus siervas

por la salvación de las almas”. (Atanasio MATANIC. Testimonio de Amor, Pág. 104).

Siguen aquí los fragmentos de sus enseñanzas:

Escribe: “El alma que posee la vida de verdadera fe, se prepara para su misión. El alma realmente religiosa, durante toda su vida, ama todo lo que ama su divino Esposo y se sacrifica para conquistarle el mayor número posible de almas. Quien ama a Dios, se sacrifica por Él, para que sea más conocido, amado y servido con mayor fidelidad. Quien ama no descansa. Ustedes, hermanas, deben empezar con los niños en despertar el espíritu misionero”. (Atanasio MATANIC. Testimonio de Amor, Pág.105)

“Vayan por los campos de la humanidad sufriente para levantar y consolar a los caídos y débiles, para sanar y salvar a los abandonados y mostrarles el camino del cielo donde les espera su amor y beatitud. Las envía para que extiendan el fuego de su amor en los corazones fríos o, mejor dicho, Él mismo vive y camina en ellas por el mundo, sacrificándose por las almas, aunque parezca que no hacen nada grande y a veces mueren, abandonadas como Cristo en la Cruz”. (Casa Madre, 15-I-1928)

“Cuando nuevamente se dispersen y dejen este querido Hogar, no lo olviden; no se consideren como la rama cortada; no, de ninguna manera; no deben pensar así, sino al contrario, tienen que sentir su nueva casa como a una rama fuertemente unida al árbol de su Casa Madre de la cual depende directamente y a la cual ayuda como buena hija. Sus pensamientos, es decir, los pensamientos de las hermanas en las filiales sean para el bien de toda la Congregación, porque están obligadas a ayudarla como hijas de una Madre amorosa y única que las recibió en su regazo y entregó a Jesús para que las cuide, las forme para él, y aunque estén esparcidas por el mundo”. (Casa Madre, 18-XI-1928)

“Vayan por el mundo para extender el amor de Dios y ayudar a la pobre humanidad. Procuremos tener un corazón puro, hacer el bien y agrandar a Dios.” (22-II-1931)

 

Como hijas de nuestra Madre Fundadora, Beata María Petkovic, fortalezcamos nuestro espíritu misionero siguiendo las recomendaciones de nuestro Papa Francisco, quien justamente declaró para este año, el mes misionero extraordinario Octubre 2019. Aquí