Buscando la Voluntad de Dios y le sigue
Nuestra Madre Fundadora que, desde pequeña vivía la experiencia de Dios y se daba cuenta de los múltiples sufrimientos de los hombres, de las injusticias sociales, hambre, escasez y enfermedades, no podía quedar insensible. De allí su gran anhelo para ayudar y proteger a los pobres porque veía que ellos son hijos predilectos y amados de Jesús Crucificado y Dios Padre, la preparaba para aliviar las heridas de la humanidad y su humilde y modesta persona, sin grandes estudios y posibilidades, la prepara para en el futuro formar una nueva comunidad en la Iglesia que porte a todos el Amor de Dios en las obras de misericordia.

Pero, no fue fácil, al cumplir los 22 años, María, se encuentra en lo que ella dice: la lucha de la doble vocación – la vida activa o contemplativa. Descubre en si misma, capacidades e inclinaciones para lo uno y lo otro, pero sin embargo quiere decidirse por donde le necesiten más, donde pueda hacer el mayor bien a su Esposo, al cual se prometió a los 14 años y con quien “se esposó”, como lo dice ella. Se había decidido por la vida de claustro, donde podía llorar la miseria del mundo y su testamento lo confía al Párroco a quien deja toda su propiedad para la construcción del Instituto para los niños pobres y abandonados en Blato. Estaba muy convencida de que esto era lo más grande que podía ofrecer, junto con la oración constante en un convento de vida contemplativa. Lo expresa a su Director espiritual, Mons. José Marcelić, Obispo de Dubrovnik a quien escribe: “Sintiéndome débil para ayudar a los pobres, prefiero ir al Convento de clausura donde podré orar y llorar por las miserias del mundo”. Pero, Cuando la casa está en llamas, aludiendo a las consecuencias que la guerra había dejado en Blato, su tierra natal, le responde Mons. Marcelić, no se la puede dejar y correr y llorar, sino hacer todo lo posible para salvar lo que pueda ser salvado. Por eso te pido que te dediques a la educación de los niños de tu pueblo. Ella entendió esto como la voluntad de Dios y en su propio pueblo, Blato, se dedicó activamente a las extensas actividades de la comunidad parroquial.

 Magnificat