Tomado del Libro “Por Amor del Señor”. Notas para una autobiografía por Gaetano Passarelli

Fundación de la Congregación

El obispo Mons. José Marčelić, constatando que la comunidad procedía según el verdadero espíritu de Dios, decidió que se fundara la nueva Congregación religiosa.

Comunicó a María tal intención a través del párroco de Blato, Don Franulović, el 25 de agosto de 1920. Recomendó preparar todo para la vestición religiosa. Cuando llegó la noticia, María se encontraba en Prižba, donde estaba escribiendo las Constituciones. Volvió de inmediato a Blato para hacer los preparativos de la vestición.

Para el santo hábito, por inspiración divina y consejo del obispo, María dio indicaciones sobre cómo debería ser cortado y cosido recordando las indicaciones que le diera el Señor cuando estaba por morir (el 2 de diciembre de 1918). El hábito lo confeccionó, naturalmente, María Telenta Vicio y dado que después de la guerra la tela costaba mucho, el Señor la ayudó por medio de su hermana Kata (ya viuda de Tomašić), quien donó la tela para algunos hábitos, y el resto lo compraron[1].

Entre tanto, es decir, mientras se confeccionaban los hábitos, María preparó a las Hermanas con instrucciones inherentes a la vida religiosa de virtud y santidad.

Contemporáneamente, de acuerdo con el obispo, escribió una carta al Padre Mariano Stašić, superior de los franciscanos de Split, pidiendo que ellos dirigieran los ejercicios espirituales en preparación a la vestición.

El Padre Mariano aceptó de buen grado y el 25 de septiembre llegó a Blato para comenzar los santos ejercicios al día siguiente. Cada día había cuatro prédicas muy sentidas, tanto que todas se conmovían hasta las lágrimas.

Los ejercicios concluyeron solemnemente la víspera de la fiesta de San Francisco (3 de octubre) con la misa. Antes de la comunión, el Padre habló aún de la unión con Cristo de una manera tan conmovedora que las incitó a esperar el santo día de la vestición con una disposición de ánimo devota y ansiosa.

Inmediatamente después de su llegada a Blato, Monseñor se dirigió al Instituto. En la capilla, les dirigió un paterno saludo poniendo de relieve el valor del día siguiente, en el que se consagrarían a Dios para siempre. Luego las llamó una por una para el examen canónico. Al final, se declaró satisfecho porque las había encontrado a todas bien preparadas, como las vírgenes prudentes, prontas para ir al encuentro del Esposo.

Mons. Marčelić pidió, entonces, al Padre Stašić que escogiera los nuevos nombres junto con las candidatas. Preguntó primero a María qué nombre quería. Ella respondió: “Me llamo María y como terciaria me llamo Magdalena, por eso quisiera quedarme con el mismo nombre”, aunque en su interior deseaba llamarse María de Jesús Crucificado. Poco tiempo antes, en efecto, había rogado a Jesús, bañando con lágrimas su cruz, que le diese este nombre como signo de que la aceptaba como su esposa. Desde siempre estaba convencida de su propia indignidad para ser esposa de Jesús.

Las Hermanas, en coro, dijeron: “¡No, Magdalena no, sino Angélica!”; a lo que ella se opuso.

El Padre Stašić pidió silencio, extendió ambos brazos, miró al cielo, y dijo: “Se llamará Maria Jesus Christi Crocefisci, que significa María Crucificada”.

María le preguntó si alguien le había informado sobre esto, pero él declaró delante de todos que no, sino que en aquel instante se le apareció escrito en el cielo. Después, se levantó y rápidamente fue a la habitación vecina donde se encontraba el obispo y le refirió lo que había visto, mientras que todos oíamos la explicación del obispo que decía: “Maria Jesus Christi Crocefisci, no significa María Crucificada, sino María Propetog Isukrsta (María de Jesús Crucificado)”.

Así, el Señor mismo reveló el nombre que ella en secreto había pedido.

Se continuó con la elección de los nombres para las demás candidatas, oyendo el parecer de María y de las interesadas.

Más tarde se estableció y concordó con el obispo todo lo necesario para la solemne celebración del día siguiente y las necesidades de la nueva Congregación.

En cuanto al nombre de la Congregación, Monseñor interpeló a María, que respondió: “Se llamará Congregación de las Hijas de la Misericordia de la Tercera Orden de San Francisco, en cuanto que Caridad y Misericordia se asemejan. Es decir: la Hermanas realizan actos de misericordia y actos de caridad por amor a Dios; ‘Hijas’ quiere decir algo que proviene del Padre; ‘hija de la misericordia’, porque brota del Corazón misericordioso del Padre y realiza actos de su misma misericordia”.

Cuando la población supo de la llegada de Monseñor y del clero, que realmente se realizaría la vestición y la fundación de la nueva Congregación, se conmovieron y se preocuparon por adornar de flores todo el pueblo y las callejuelas por donde pasarían las candidatas. Algunos hombres, durante la noche, habían cortado árboles de pino y las jóvenes habían preparado guirnaldas para embellecer la calle y los balcones. Moviéndose, en efecto, por la parte este del convento, pasarían por San Jerónimo hasta llegar a la iglesia parroquial.

(ms, pp. 247-250)

 

La primera vestición

El 4 de octubre estaba todo preparado, pero debido a un imprevisto atraso del obispo, la ceremonia se realizó al día siguiente. Sin embargo, por explícita orden del obispo, la fecha oficial e histórica de la vestición y de la fundación debía seguir siendo la fiesta de San Francisco. Y así fue.

En la mañana, a las 5,00 hras., las campanas de la iglesia de Todos los Santos en Blato anunciaron festivamente que sus hijas, las hijas de su nación, estaban por dar vida a una nueva Congregación.

Respondió la campana del convento, como la voz del Esposo que invitaba a las vírgenes a prepararse. Y ellas, gozosas y alegres, respondieron. Se vistieron de blanco; sus cabellos, que debían ser sacrificados a Dios, caían sueltos por la espalda. Sus cabezas estaban cubiertas de blancos velos y coronadas con las guirnaldas de las vírgenes.

Llegaron poco a poco sus padres y parientes a darles un último saludo. En la conmoción y en el llanto de todos los presentes, abrazaron a sus padres, quienes les dieron la bendición.

Llegaron también las madrinas, que fueron las primeras y más calificadas viudas del pueblo; las Hijas de María y las integrantes de la Asociación del Ángel con sus estandartes.

Cuando llegó el párroco, Don Pedro Franulović, María se le arrodilló delante y le pidió la bendición, diciendo: “Desde este momento, yo, por intermedio suyo, me entrego en las manos de Jesús a mí misma y a mis Hermanas en Dios, para que usted sea para ellas padre y madre, ya que ellas dejan hoy definitivamente a sus propios padres naturales”.

A las ocho, las campanas repicaron de nuevo a fiesta y el cortejo se movió. Al frente había una niña vestida de blanco que llevaba la cruz del Salvador adornada con rosas y tules blancos, a las que hacían corona otras dos, también vestidas de blanco. Seguían las candidatas con sus madrinas, después los padres y los parientes.

Acudió toda la población que formó dos filas a lo largo del trayecto. El ingreso principal de la iglesia parroquial estaba adornado de ramas verdes y tules blancos. Ahí estaba el Padre Mariano Stašić, vestido con los ornamentos sagrados, que las acompañó hasta el altar de Santa Vicenta, donde, con ornamentos pontificales, las esperaba Mons. José Marčelić, junto con los demás sacerdotes y clérigos[2].

La iglesia estaba llena de gente, tanto que algunos se habían subido al púlpito y otros a los confesionarios.

Comenzó la misa solemne. A la comunión las candidatas cantaron: “Oh Jesús bueno y amable…”.

Terminada la liturgia eucarística, el obispo pronunció un discurso; después se entonó el Te Deum y el Ven, Espíritu Santo, luego de lo cual comenzó la ceremonia de vestición.

Primero le correspondió a María, quien fue vestida por Monseñor, ayudado por los sacerdotes y por su madre. Don Vicko Bosnić recogió en una bandeja los mechones de cabellos cortados. El Padre Stašić tomó de las manos del obispo el cordón y se lo ciñó a su cintura. Luego se acercó al altar María Telenta Vicio, la que fue vestida por María, y así una a una Palma Bačić Fratrić, Magdalena Šeparović Buda, Jozica Franulović Njalo y Anka Sladović.

Enseguida, continuando con el ceremonial, las neo-profesas se intercambiaron un abrazo de Hermanas, mientras se cantaba: “¡Vean: qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos!”.

Terminada la ceremonia, las festejadas fueron acompañadas al Instituto. El almuerzo a los padres, a los sacerdotes y a las madrinas fue ofrecido por la familia Petković, y servido en las salas de la escuela.

María, en nombre de las Hermanas, dirigió a todos palabras de agradecimiento. Al final las huerfanitas dirigieron un saludo y un augurio muy conmovedor, que puso en evidencia cómo aquellas Hermanas habían dejado sus propias familias para acoger a los niños de otros, tratándolos como hijos propios.

Al día siguiente, el obispo debía ir a Smokvica para bendecir la nueva iglesia local e invitó a Sor María Petković y Sor Jozica Franulović a asistir a la bendición para que la población las conociera.

Después, el 11 de octubre, volviendo de Smokvica, Monseñor decidió admitir a las hermanas recién vestidas a los santos votos.

Con este fin, él mismo predicó los ejercicios espirituales en preparación a los primeros votos temporales, de manera que se pudiera elegir el Consejo directivo de la nueva Congregación de derecho diocesano.

Las seis novicias tenían un ferviente deseo de pronunciar los santos votos para estar lo más posiblemente unidas a Cristo y comenzar en plenitud la vida religiosa.

(ms, pp. 251-255)

 

El primer Capítulo General

El primer Capítulo General y la elección del Consejo directivo de la nueva Congregación tuvo lugar en Blato el 13 de octubre de 1920, presidido por Mons. José Marčelić, asistido por el párroco, Don Pedro Franulović, y por el Padre Mariano Stašić, superior de los franciscanos en Split.

Las electoras eran seis: Sor María Petković Kovač, Sor María Telenta Vicio, Sor Palma Bačić Fratrić, Sor Magdalena Šeparović Buda, Sor Jozica Franulović Njalo y Sor Anka Sladović.

Después de la invocación Ven, Espíritu Santo, siguió la votación secreta. Sor María Petković Kovač fue elegida como Superiora General por unanimidad y Sor María Telenta Vicio como Vicaria.

María no estaba tan entusiasmada con el nombramiento porque se consideraba indigna e incapaz de asumir semejante responsabilidad. Pero Monseñor la animó y le ordenó aceptar el encargo por obediencia; luego se dirigió al Padre Stašić y le pidió redactar el acta de nombramiento, el que sería leído públicamente a la mañana siguiente en la iglesia parroquial.

(ms, pp. 256-257)

Los primeros votos

El obispo Marčelić decidió que el día 14 sería el día de los primeros votos religiosos temporales, en cuanto que la Congregación recién instituida no disponía de las Hermanas profesas necesarias para la dirección y conducción de la misma.

En aquel feliz día se repitió la gran solemnidad con la participación de toda la población.

A las 9,00 horas., las novicias, acompañadas por el festivo toque de las campanas, por las Hijas de María y demás asociaciones, por los padres, parientes y madrinas, se dirigieron a la iglesia parroquial.

La ceremonia se desarrolló ante el altar mayor, adornado para la ocasión. La misa fue celebrada por Monseñor, junto con el clero presente. Al final de la liturgia, al sonido del órgano, el coro cantó: “Ven, amada mía”.

Sor María Petković, en primer lugar, se acercó al altar y emitió sus votos por un año.

A este punto, el obispo se levantó y, vuelto hacia ella, dijo con la voz estremecida por la emoción: “¡De ahora en adelante ya no te llamarás más María Petković Kovač, sino Sor María de Jesús Crucificado!”.

“Estaba tan conmovida que tenía en el espíritu la sensación que mi Señor, en aquel día, confirmase ante el cielo y la tierra mi voto perpetuo de amor y de castidad, hecho ya en privado cuando tenía catorce años de edad. Me sentí desvanecer completamente en mi Señor, llena de amor y de gratitud, porque afectuosamente ha mirado a su indigna sierva. Tanto que mientras se cantaba el Te Deum el obispo, al descender las escalinatas del altar, me vio en aquel insólito estado, pensó que me sentía mal y dijo a los presentes que me llevaran a la sacristía. Pero yo no me sentía mal, sino en un estado especial de unión con Jesús.

Cuando Monseñor dijo: ‘Ya no te llamarás más María Petković Kovač, sino Sor María de Jesús Crucificado’, mi espíritu, lleno de amorosa gratitud, se elevó hacia Él y, en aquel momento de amorosa unión de esposa, sentía una beatitud tal que no se puede describir ni con la voz ni por escrito. Aunque inmerecida e indignamente, Él me había dado su nombre.

Mi madre, al escuchar esas palabras, vino al presbiterio cerca de mí y, con lágrimas en los ojos, me abrazó y me besó, si bien desde siempre fue contraria a que yo me fuera al convento”.

Luego se acercó al altar Sor María Telenta, que pronunció sus votos por un año y fue llamada Sor María Gabriela del Buen Pastor.

La siguió Sor Palma Bačić; pronunció sus votos y fue llamada Sor María Catalina de la Santísima Trinidad.

Vino después Sor Magdalena Šeparović Buda; pronunció sus votos y fue llamada Sor María Vicenta de las Llagas de Jesús.

Después, Sor Jozica Franulović pronunció sus votos y fue llamada Sor María Serafina de la Pasión de Jesús.

En fin, Sor Anka Sladović pronunció sus votos y fue llamada Sor María Josefa del Niño Jesús.

Al término, el coro nuevamente cantó: “Ven, esposa de Jesús para ser coronada…”, y, mientras cantaban, Sor María de Jesús Crucificado se adelantó de nuevo para recibir de manos del obispo el velo negro y la coronita de rosas blancas. La siguieron una a una todas las demás Hermanas.

En la clausura, Monseñor entonó el solemne Te Deum, cantado con entusiasmo por todos los presentes.

Esta conmovedora ceremonia emocionó a todos hasta las lágrimas.

Acabado el himno de acción de gracias, el obispo pidió al Padre Mariano que leyera, en su nombre, el decreto de nombramiento de la Superiora General de la Congregación:

“A la Reverenda Sor Petković, María de Jesús Crucificado, Superiora de las Hijas de la Misericordia de la Tercera Orden de San Francisco en Blato.

Puesto que el 13 de octubre del corriente año, por voluntad y votación secreta de parte de sus hermanas ha sido elegida Superiora del Colegio local, con el presente decreto yo la nombro y confirmo como tal, por tres años, y, en nombre de la obediencia, le ordeno aceptar tal honor.

          En Blato, el 14 de octubre de 1920.

                        † José Marčelić”.

                        (de su puño y letra).

          Después se leyó también el decreto de nombramiento de la vicaria, Sor María Gabriela Telenta Vicio[3].

(ms, pp. 258-262)

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[1] “El hábito religioso original era del mismo corte que el actual, es decir, mientras escribo (1959). Como hoy, también en ese entonces estaba compuesto por las siguientes prendas: la túnica negra, escapulario, cordón blanco franciscano, cuello almidonado, una pequeña cofia blanca, frontal almidonado y velo negro, la cruz de metal sobre el pecho y la corona franciscana colgada al cordón. Para los días festivos y para salir, el manto de tela negra”.

[2] “El párroco, Don Pedro Franulović, Padre Mariano Stašić, Don Vicko Bosnić, Don Ivo Ostoić, Don Ivo Petković Njosko, Don Frano Milat, Don Zacarías Bosnić y el seminarista mayor Ivo Bučić”.

[3] Los originales de ambos decretos se conservan en el Archivo de la Congregación.