El 11 de marzo de cada año, se celebrará a partir de hoy el Día de la Misión Francis Petkoviana, recordando el primer grupo de Hermanas que en esta fecha, partiendo de la Casa Madre, se dirigieron a América Latina, para la Gloria de Dios y el servicio a los hermanos.

La Madre General. M. Cristina Orsillo nos dirige la siguiente carta:

       “Figlie della Misericordia del T.O.R. di San Francesco”

Via di Porta Maggiore 38, 00185 Roma  •  Tel. 0039 06 702 78 42  •  Fax 06 703 005 13

e-mail cfmroma@gmail.com  – Superiora Generale

 

Prot. N° 159/2017

¡Todo por Jesús a Gloria del Padre!

Roma, 18 de julio de 2017

CIRCULAR SOBRE LAS MISIONES

 “Encarnar el carisma en la actualidad de la historia que estamos llamadas a vivir y en la riqueza de la variedad de los diferentes contextos geográficos en los que estamos insertas” (cf. D4 XV CGO)

 “Abrir una comunidad en el Congo Democrático para la extensión del Reino de Dios y la difusión de nuestro carisma (D19; LA 19.7 XV CGO)

Queridas hermanas las saludo con tanta alegría por reencontrarme con ustedes a mitad de este año, en que me he ocupado específicamente en la realización de la Visita Fraterna. Con la ayuda de Dios y de las Hermanas, ha transcurrido ya la primer parte como lo había programado, y ya mi corazón se dispone a continuar con la segunda parte, a partir del 1 de setiembre próximo.

En estos meses han sucedido tantas cosas, hemos vivido tantos acontecimientos felices y de los otros; hemos perdido a varias Hermanas que confiamos, gozan ya en la presencia amorosa del Padre, pero también en las distintas Provincias he visto tantos signos de vida, emprendimientos, nuevas vocaciones, entusiasmo en la misión, empeño en la Formación permanente y continua … ¡Tanto para agradecer al Señor!

Algo nuevo para estar agradecidas y que deseaba comunicarles es que ya tenemos en el Congo Democrático, en Kinshasa, un terreno que es nuestro, gracias a la premura de nuestras Hnas. M. Mirela Kozina y M. Chantal Nsadisa a quienes he confiado llevar adelante este objetivo. Fue muy conmovedor para mí, recibir la noticia y saber que ya podremos ser presencia en este lugar de misión!

Debo confiarles que las dudas también me asaltan, así como las preocupaciones. Pienso si es este o no, el tiempo propicio, si podremos afrontar este desafío, si el número de hermanas permitirá una nueva apertura de estas características, si la seguridad de las Hermanas que estén dispuestas a ir está garantizada, si encontraré disponibilidad suficiente como para lanzarnos a este cometido, en fin, la lista es más larga y se las confío precisamente para que me acompañen en la oración y el discernimiento.

No obstante, me anima el reconocer que “después de la resurrección, Jesús les confió formalmente la misión de hacer discípulos a todas las gentes”. Y esto nos lo dice también hoy, a nosotras. “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda la creación” (Mc. 16, 15). “Y serán mis testigos en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hech. 1, 8). Es este el mandato misionero que el Resucitado deja a sus discípulos, mandato dirigido a cada discípulo, en cada tiempo. Este mandato tiene una dimensión universal, y los discípulos son enviados a todos los pueblos (Mt. 28, 19), por todo el mundo (Mc. 16,15), hasta los confines de la tierra (Hech. 1, 8). El Señor asegura a los discípulos que no se quedarán nunca solos: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20). El Evangelio de Marcos confirma: “Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban” (Mc. 16, 20). (Anuncien, carta a los consagrados, CIVCSVA 2016).

También me anima, este tiempo de preparación a la celebración del centenario, haciendo memoria de nuestros inicios. ¿Acaso nuestra incipiente Congregación, con apenas 15 años de vida y no pocas dificultades, permaneció inmóvil y centrada en sí misma, abatida y preocupada por ver como las resolvía? ¡No! Nuestra Beata Madre Fundadora, fidelísima al Espíritu Santo  y llena de celo por el amor de Dios y su gloria, se atrevió a mandar a sus primeras hijas fuera de los límites de la patria, que también y sin duda las necesitaba.

Queridas hermanas, nosotras somos las “mujeres fuertes de María Petković”, lo he comprobado al ver todo lo que somos capaces de realizar; pero pienso también, si la historia no podrá reclamarnos el no habernos movido con prontitud y con audacia ante otros desafíos, hacia otras tierras de misión; el no haber sabido leer los signos de los tiempos …

Pensemos, de aquel impulso arriesgado y misionero de 1936, ¡cuántas obras  han crecido en América Latina, que en ese momento para Europa, era tierra de misión, cuántas familias, cuántos niños y jóvenes reciben el mensaje kerigmático de Cristo! Hoy, ¿cuántas estamos dispuestas a hacer crecer y desarrollar nuestro carisma en otras latitudes al estilo de nuestra Fundadora?

Las invito, y me incluyo, a reflexionar, personal y comunitariamente, a partir de esta simple circular que les escribo, a no caer en la tentación de atarnos a nosotras mismas, y lo peor, a frenar el impulso del Espíritu por cuidar las obras que ya tenemos, por permanecer donde nos encontramos, donde ya hemos sembrado lo que debíamos sembrar; siento que hoy, tenemos, junto a éstos (discernimiento sobre las estructuras), otros surcos que aguardan el testimonio del amor y la misericordia que estamos invitadas a llevar.

Tal vez debamos cambiar la visual, y ponernos en la piel de María Petković, para ser capaces de decir, las vocaciones no pertenecen a la Provincia de origen, no son de Argentina o de Croacia, de Perú o Chile, o Paraguay, por poner un ejemplo, las vocaciones son de Dios para Su Iglesia, más aún, para todos los hombres de buena voluntad. ¡Dios nos ha llamado para anunciar, no pongamos límites al amor de Dios!

En Cuba, una nueva realidad fundada hace apenas tres años, las hermanas están trabajando con mucho entusiasmo, los niños se acercan y con ellos las familias; con la ayuda de Mons. Večeslav Tumir han creado una pequeña escuela de música. Con prudencia en el hablar, pero con constancia, están trabajando en las parroquias, están preparando a varios matrimonios para recibir los sacramentos,  han iniciado ya con un grupo de jóvenes entusiastas con nuestro carisma y espiritualidad, a dar forma a LAIMIS (laicos misioneros misericordiosos) quienes han adoptado a nuestra Madre como propia; asisten a personas solas, ancianas y muy necesitadas, etc. Esto debe llenarnos de gratitud y alegría;  ellas teniéndolo todo en su país de origen, han salido a compartir la pobreza de una sociedad sin libertad, que es la peor de las esclavitudes.

El trabajo es hermoso y es mucho.  En este momento, la comunidad se ha reducido a dos Hermanas, pues nuestra querida Hna. M. Raquel Marecos por una severa cardiopatía ha debido regresar al Paraguay, por eso me dirijo a ustedes, queridas hermanas, para pedirles apoyo sobre todo en el envío de una o dos hermanas más; ellas están lejos de todas nuestra comunidades y sería bueno, en la medida de lo posible, incorporar a dos hermanas, que tengan espíritu misionero y deseos de sumar. Pido a cada una de las Superioras Provinciales que con sus Consejos consideren esta urgente necesidad.

En África, como les decía al inicio, hemos conseguido ya nuestro terreno en Kinshasa, en el Municipio de Maluku, a 65 km de la ciudad. La posibilidad de abrir la comunidad en este lugar ha sido gracias a la ayuda del Cardenal Angelo Sodano, pues su bendecida influencia nos ha abierto puertas tales, que en ese lugar ya no se abren para otras congregaciones que quieran iniciar allí su misión. Esto facilitará que las jóvenes puedan llegar más fácilmente a los centros de formación organizados en la Arquidiócesis que nos acogerá.

Nuestra Ecónoma General, gracias a su amor a la Congregación, a su disponibilidad y contactos, está gestionando ante diversas entidades ayudas para la construcción de lo que será nuestra casa y parte de la obra en el Congo. No obstante, toda la ayuda por recibir no será suficiente, por eso, hago un llamado a la solidaridad a todas las Provincias, y les pido una contribución extraordinaria para afrontar los gastos de construcción de una empalizada o muralla, que delimite nuestra propiedad, según nos aconsejan quienes son oriundos del lugar. No les digo que envíen un monto “x”, pero la ayuda que ustedes, en su extraordinaria generosidad puedan darnos, será enormemente agradecida, muy bien recibida y mejor aún utilizada.

Por otro lado, debemos estar allí lo antes posible para supervisar la construcción y para esto enviaremos a nuestra Hna. M. Chantal, quien además de hablar el idioma (francés) conoce las características e idiosincrasia del lugar. Pero necesitamos al menos otra hermana que pueda vivir con ella y hospedarse, al principio, en una Congregación cercana a nuestra propiedad.

Además, para conformar la comunidad, necesitaremos al menos tres hermanas más: 1 catequista, 1 enfermera, 1 docente para poder comenzar nuestra misión. Estos títulos o habilidades no son exclusivos, ya que las características mejores deben ser:

  • Entusiasmo apostólico y misionero,
  • fervor para dejarse iluminar y sostener por el Señor,
  • confianza en la Providencia,
  • capacidad de crear fraternidad,
  • capacidad de apertura y acogida para aceptar al diferente;
  • amor para poder donarse y
  • espíritu de sacrificio.

Creo que con esto construiremos una verdadera comunidad, fundada en el anhelo de seguir extendiendo el Reino, llevando el amor y la misericordia como nos enseñó nuestra amada Beata Madre Fundadora.

Éstas,  llamadas “tierras de misión” tal vez porque son distintas a las que estamos habituadas a vivir, necesitan nuevos rostros, pero también nuestras Provincias, necesitan nuevos rostros, nuevas ideas, nuevas opiniones; creo, en verdad, que debemos estimular la movilidad de las hermanas respondiendo, a las Decisiones del XV CGO, sobre todo la D 19, acerca del discernimiento sobre la continuidad de alguna de nuestras obras (LA 19.1), la integración de la diversidad cultural de nuestras presencias (LA 19.2)  y la movilidad de las hermanas (LA 19.3). En efecto, no solo el Capítulo General, sino la misma CIVCSVA (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica) nos pone en la disyuntiva de mezclar los rojos y los blancos, los amarillos y los verdes para obtener otras gamas de colores, en el tejido que estamos todas invitadas a tejer. De hecho, si no nos “mezclamos”, seguiremos creyendo que los únicos colores, los únicos sabores, los únicos paisajes son los nuestros. Les aseguro,  que en esta experiencia de la cual Dios me hace partícipe, particularmente con la Visita Fraterna, estoy descubriendo rostros nuevos, necesidades diferentes, colores bellos, paisajes exuberantes, y no me refiero a los que ofrece la geografía propiamente dicha. He comprendido que hay otros criterios, otras maneras de afrontar los desafíos, de asumir las dificultades, otras maneras de hacer y de vivir sin perder por ello la esencia carismática. Pero también he comprobado, que todas tenemos un único deseo, el de amar y ser amadas; de ser acogidas y respetadas, de servir a Dios y dar testimonio de Su misericordia.

Dicho esto, deseo también comunicarles, que he pensado instituir, en todo el ámbito de la Congregación, el 11 de marzo de cada año, como Día de la misión francis-petkoviana, en recuerdo del primer grupo de hermanas que, en esa fecha, partiendo de la Casa Madre, se dirigieron a América Latina, para la gloria de Dios y el servicio a los hermanos.

En ese día, además de hacer conocer a todos, de manera creativa y eficaz nuestro carisma y su alcance, haremos una colecta general, como se acostumbre realizar en cada país (almuerzos, sorteos, colecta en sobres, venta de artículos varios, de comidas típicas, bailes, proyección de películas o festivales con pago de entradas, realización de un musical, un espectáculo coral, etc.). En este evento involucremos a todos los grupos misioneros, sea de niños, de jóvenes o adultos, a nuestros alumnos y docentes de nuestras escuelas, a los abuelos de nuestras casas de reposo, con lo que cada comunidad quiera ofrecer voluntariamente en ese día, con el fin de sostener la obra misionera de la Congregación, particularmente las dos nuevas realidades: Cuba y Congo. Sabemos que todo lo que hacemos es misión, no somos solo enfermeras, maestras, cocineras o catequistas, somos en todo y ante todo misioneras, llamadas a “ser testimonio de comunión y a llevar la sonrisa de Dios” (Alegraos, CIVCSVA 2016) a todo los hombres, por ello involucrémonos todas, desde lo poco o mucho que cada una pueda dar o realizar.

Queridas Hermanas, para terminar les comparto un breve texto que nos puede ayudar en nuestra reflexión,  tomado de uno de los documentos tan valiosos que nos está ofreciendo la CIVCSVA: “Anunciad”, el cual incluye “Las provocaciones de Francisco”, que al leerlo me recordó a las hermanas misioneras que han pasado por mi país y a las cuales tuve la dicha de conocer (a casi todas) y dice así: “¿Qué comporta para nuestras comunidades y para cada una de nosotros, formar parte de una Iglesia que es católica y apostólica? Ante todo significa interesarse por toda la humanidad, no sentirse indiferentes o ajenos ante la suerte de tantos hermanos nuestros, sino abiertos y solidarios con ellos. Significa además, tener sentido de la plenitud, de la totalidad, de la armonía de la vida cristiana, rechazando siempre las posiciones parciales, unilaterales que nos encierran en nosotros mismos […], y aquí quisiera recordar la vida de tantos misioneros y misioneras que dejaron su patria para ir a anunciar el Evangelio a otros países, a otros continentes. Continua el Papa: “me decía un cardenal brasileño que trabajaba bastante en el Amazonas que, cuando él va a un lugar, en un  país o en una ciudad de la Amazonia, va siempre al cementerio, y allí ve las tumbas de estos misioneros, sacerdotes, hermanos, religiosas que fueron a predicar el Evangelio: apóstoles. Y él piensa: todos ellos pueden ser canonizados ahora, lo dejaron todo para anunciar a Jesucristo”. (Papa Francisco, Audiencia General 17.9.2014 – Anuncien 2016).

Necesitamos tener este fuego en el corazón, éste que la Iglesia llama “pasión por Dios y por los hombres”, como lo expresaba nuestra Beata Madre:

“Desde entonces (su consagración a los 14 años) mi único deseo fue trabajar por Él, para que fuera conocido y amado por todos los hombres. Ese anhelo me consumía, me impulsaba hacia países lejanos, a predicar, a difundir su amor…”

(Testamento Espiritual autógrafo, p. 2)

En concreto y resumiendo:

  • Discernimiento sobre nuestras estructuras. Se trata de aligerar…
  • Movilidad, intercambio de hermanas para no encerrarnos en nuestras propias culturas.
  • Necesidad de 1 Hermana para Cuba en lo inmediato y otra para incorporar el año próximo.
  • Necesidad de 1 Hermana para acompañar los inicios de la construcción en Congo y otras dos o tres que se incorporen en 2018 (implica disponer de un tiempo de preparación adecuada).
  • Necesidad de 1 aporte extraordinario para pagar la construcción de la muralla en torno a nuestro terreno (en lo inmediato).
  • Celebración anual en toda la Congregación del Día de las misiones de las Hijas de la Misericordia para hacer conocer el carisma y sostener con los fondos recaudados, en esa jornada, la misión en Cuba y el Congo.

Queridas hermanas, todas las que estén dispuestas a llevar el carisma de la Congregación a otros horizontes, ofrézcanse voluntariamente, hablen de ello con sus respectivas Superioras Provinciales y diríjanse a mi correo hna.cristina.orsillo@gmail.com

Un último pedido, les ruego leer en forma personal, los Capítulos IV y V del Libro “Testimonio de amor” de Atanasio Matanić, ofm y la D 19 con sus respectivas Líneas de Acción del XV CGO. Nos hará bien mirar hacia atrás para lanzarnos al futuro que Dios nos tiene preparado.

Sin otro particular las saludo y les aviso que el próximo 6 de agosto compartiré la fiesta de nuestras Hermanas en Blato – Casa Madre y cuna de nuestra Congregación. Saludo, en fin, a cada una, pidiendo la protección de la Madre Fundadora sobre nosotras y nuestras obras de misericordia.

Cordial y afectuosamente, en Cristo

 

Cristina Orsillo cfm

Superiora  General 2015 – 2021

Hna. M. Graciela Ojeda

Secretaria General

Aquí podemos encontrar mucho de lo que dice nuestra Madre Fundadora, sobre su experiencia y enseñanzas sobre las Misiones

Comentarios

comments