TOMADO  DEL  CAPITULO

Caseros, 25 – III – 42.

ANIVERSARIO DEL COMIENZO DE LA CONGREGACION

            Hermanas queridas, hijas mías en Cristo, Rvdas. Esposas de Jesús, os saludo a todas en este santo día de hoy, cuando celebramos la misericordia del Eterno Padre hacia la pobre humanidad, enviándole la salvación, luz y vida al mandar de su seno su Divino Verbo, el Amor Eterno, trayendo así la redención al mundo.

            En este mismo día por tres veces santo, empezó también esta pequeña Congregación de Cristo, como un grano invisible de mostaza en el seno de la Iglesia, como niño del amor y de la misericordia de Dios.  Por eso lleva el nombre de “Hijas de la Misericordia”, pues el amor divino se manifiesta en las obras de misericordia.

            Y como ya en el mundo pertenecía yo a la T. O. de San Francisco, y por consejo del difunto Obispo Confundador Dr. Marcelic, quiso que también la Congregación perteneciera a la Orden Franciscana, a ese fuerte y fértil árbol de la Santa Iglesia, el árbol de los Frailes Menores del Seráfico Padre San Francisco. Esta joven y tierna plantita necesitaba apoyarse en un árbol fuerte para que no se rompiera si se levantaban tempestades y para ser más fuertes por el apoyo espiritual de la fortaleza de la Orden Franciscana.

            La voluntad de Nuestro Señor Jesucristo al fundar esta Congregación fué extender y dilatar el conocimiento del Amor Divino por las obras de misericordia espirituales y corporales.  Pero su principal deseo ha sido encontrar corazones que comprendan su Amor, amándolo para tener El en la tierra un lugar donde bajar y hallar un fogón de amor, descansando en sus amantes Esposas, que viven únicamente del Amor de su Divino Esposo, pensando únicamente cómo agra-dar a su divina voluntad y cómo consolar y alegrar a Cristo.

            Por eso, con lágrimas hoy en Jesús os pido que procuréis que la Congregación corres-ponda a sus fines y a los deseos del Sagrado Corazón. 

            Que cada Hermana tenga y aumente en su corazón cada vez más y más el amor a Cristo, nuestro Senor y Maestro, nuestro único Amante. Especialmente las Superioras deben tratar de que en sus respectivas casas arda siempre más grande amor en el corazón de las Hermanas, la llama del divino amor, para que hablen únicamente del amado Jesús, para que piensen en El, para que todas sus obras se dirijan a El, para ser un fogón de amor a Cristo, Amor Crucificado.

            En El y por El procurad que la Congregación progrese, ante todo en la vida espiritual, después en las obras de las misiones; y todo eso progresará si las Hermanas aman y estudian la Doctrina de Cristo, la explicación del Evangelio, de la vida espiritual, porque Cristo es la vida de nuestra alma.

            Cada Superiora debe anotar cuanto se ha hecho para la vida espiritual en las clases, en las misiones, etc., para tener así la historia de todas las obras y comprobar el progreso de la Congregación, de la casa y de cada Hermana.

            Todos los meses la Superiora debe hacer una especial reunión para ver qué se debe hacer para mejorar la vida espiritual de las Hermanas, para poder controlar si se progresa en los estudios, en las misiones, etc., y también en las obras materiales.  Porque la casa que no progresa, retrocede, y así no puede existir sino secarse como un árbol sin fruto.

            Queridas Hermanas, en este aniversario del comienzo de la Congregación, os pido y recomiendo que guardéis su espíritu en Cristo.

            Queridas Hnas., en este santo día de nuestra Congregación os pido y conjuro que seáis santas como las primeras Hnas. de nuestra Congregación, porque sois como ellas sus primeras columnas y fundamentos que la sostienen.

            Ayudadme, queridas Hermanas, porque yo no puedo sola; especialmente vosotras, las de Votos perpetuos, hacedlo de una manera especial, pues las jóvenes siguen a las mayores.  Por eso, hoy mismo debéis empezar una vida más santa en amor al dulce Jesús en la querida Comunidad dando buen ejemplo a las demás.  Sed de tal modo más perfectas que todas puedan decir:  “Estas son verdaderas Religiosas”.

            Dulce es trabajar para nuestro Dios amado, y yo misma sería feliz de morir en continua actividad por El, cumpliendo su Ssma. voluntad.

            Oh, queridas Hermanas, cuán dulce es cumplir exactamente cuando sabemos que es para el amado Cristo. Vivamos y hagamos todo únicamente por El y para que también los demás sean salvos y felices en El.

            Queridas Hermanas, todo por amor, y todo únicamente para El…

 

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